Hay lugares que no se abandonan del todo. Permanecen en la memoria, en las historias familiares o en los recuerdos que se repiten generación tras generación hasta que, en algún momento, alguien decide regresar. Eso fue lo que le ocurrió a Macarena González de Vega con el Molino de las Pilas, una construcción de 1882 situada en Teba que hoy ha recuperado su vida como espacio cultural y alojamiento en plena naturaleza.
Aunque nacida en Madrid y con una trayectoria profesional desarrollada en ciudades como Barcelona o Berlín, el vínculo con el municipio malagueño nunca desapareció. Su familia materna es de Teba y, en particular, la figura de su abuela siempre estuvo ligada a ese molino que, con el paso de los años, había quedado en desuso. «Mi madre hablaba mucho de él», recuerda. Fue precisamente durante su etapa de formación en restauración de edificios industriales en Berlín cuando aquella idea comenzó a tomar forma.